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Informe Planeta Vivo – WWF Los servicios ecosistémicos.

Repensando los recursos naturales

Ante la mirada atónita de algunos de los siete mil millones de personas que habitamos el mundo, se resquebrajan nuestros sistemas económicos y nuestras estructuras sociales. Los pilares sobre los cuales han descansado estos monumentales sistemas se tambalean y caen.

Uno de ellos, Estados Unidos de Norteamérica la economía más grande y poderosa del mundo mostró su debilidad en 2008 con una crisis financiera de proporciones desconocidas, que se expresó con la necesidad de intervención del gobierno para proporcionar liquidez al sistema bancario, la pérdida de empleos, la quiebra de medio centenar de bancos, entidades financieras y empresas transnacionales como el coloso automotriz General Motors; el colapso de valores bursátiles y de la capacidad de consumo y ahorro de la población, entre otras.

Japón, uno de los íconos de la economía asiática y uno de los gigantes mundiales en el consumo de materias primas, está en recesión y aunque muestra signos de recuperación se estima que podría necesitar hasta cinco años para resarcirse de los efectos de los dos fenómenos más desastrosos de su historia, un sismo de más de 9 grados en la escala de Richter y un tsunami con olas de hasta 10 metros que afectó una de sus centrales nucleares y generó un estado de emergencia nuclear y que causaron daños por 235,000 millones de dólares; las repercusiones en la crisis mundial de estos lamentables sucesos no serán desapercibidas.

Y qué decir del medio oriente y  los recientes movimientos sociales en Libia, Egipto y que parecen suscitarse como en efecto dómino en la región y más aún el movimiento mundial de “los Indigandos” vinculado a jóvenes y que está tomando una escala mundial y está logrando impulsar una transformación radical en la forma en que pensamos sobre nuestros sistemas políticos, con enfrentamientos cada vez más violentos, en ciudades y sitios que nunca se pensó que pudieran darse manifestaciones de este tipo como Wall Street.

Paradójicamente y de manera paralela, estamos siendo testigos del deterioro de los recursos naturales y de la mayor crisis ambiental que la humanidad haya observado, incluyendo quizá también la mirada perpleja del mismo planeta, acostumbrado a cambios que duran de miles a millones de años y no solo unos cuantos años.

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Cambios del Mar de Aral y su casi desaparición

Y es que el calentamiento global y una de sus consecuencias, el cambio climático, se han venido gestando en aproximadamente 200 años y ahora representan la mayor amenaza a la vida en el planeta. Antes del comienzo de la revolución industrial la concentración de CO2 (Dióxido de Carbono, el más abundante gas que cuya acumulación en las capas superiores de la atmosfera terrestre crea un efecto de invernadero concentrando el calor hacia el interior, el metano y otros gases también tienen este efecto) en la atmósfera era de unas 280 ppm (partes por millón). Actualmente, al haber deforestado, quemado y liberado a la atmósfera las mayores reservas de Carbono confinadas por el planeta en el subsuelo en los combustibles fósiles (Ver también el mapa de la huella humana) y en los bosques de todo el mundo, la concentración de CO2 es de 390 ppm, lo cual supone un nivel extremo y es la causa de que los glaciares se derritan, las inundaciones aumenten, las tormentas y huracanes sean más intensos.

El umbral que se considera seguro por los científicos y aun viable de poder revertir es el de 350 ppm, así 350 supone el número más importante del mundo, ya que significa el límite máximo seguro de dióxido de carbono en la atmósfera debiendo todo el mundo adoptar este objetivo como necesario para estabilizar el planeta y evitar un desastre absoluto.

Para nuestro infortunio, crisis económica, crisis social, política y cambio climático, no son las únicas alertas planetarias que están encendidas, también la violencia, la delincuencia cada vez más organizada, la contaminación del agua, de los mares con derrames petroleros, de los suelos, la generación de basura y su mala disposición, la pérdida de los ecosistemas naturales y en consecuencia la biodiversidad. 

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“Especies en peligro de extinción” es una frase común cuando la diversidad biológica es uno de los valores más importantes de los ecosistemas y es la clave de la vida en el planeta, es la base de la evolución de las especies y a su vez, es la generadora de la impresionante gama de colores, formas, habilidades y capacidades de adaptación que tienen las especies en la naturaleza y para nosotros como humanos -una especie más en este mundo- la biodiversidad es prácticamente donde descansa nuestra existencia misma, ya que representa alimento, vivienda, medicina, vestido y bienestar. (Podemos ver diferentes informes desde AQUI)

Más info  Los elefantes africanos al borde de la extinción

En las últimas décadas no solo se han perdido especies, sino ecosistemas mixtos y completos. De seguir esta tendencia es muy probable que perdamos una amplia variedad de bienes y servicios que ahora damos por sentados. Esto tendría consecuencias demoledoras en las economías, en las culturas, en las sociedades pero sobre todo en las personas.

Un modelo de desarrollo global hegemónico y erróneo que impone en el mundo “el sueño americano” como modelo de desarrollo individual y de país, esquema que solo lo alcanzan unos cuantos y que si todos lo pudiéramos replicar sería insostenible para el planeta en términos ambientales; tecnologías inadecuadas que solo contribuyen a intensificar la productividad y las comodidades de la humanidad pero nula o poca atención brindan a los efectos desfavorables de estos aprovechamientos; políticas públicas erróneas, equivocadas formas de transportarnos que privilegian lo individual sobre lo colectivo, que derrochan energía, ¡cuando un auto más grande y lujoso tengas es mejor! ¿cuánto contamina?, que importa ¡lo puedo pagar!.

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Informe Planeta Vivo – WWF Los servicios ecosistémicos.

Más información desde AQUI con el informe Planeta Vivo.

Actitudes egoístas, imperfecciones del mercado, ambición, guerras, concentración de los medios de producción, malos hábitos de alimentación en la población, hambre, enfermedades, inundaciones; son solo algunos de los problemas. Vicios, omisiones, consecuencias y errores que hemos venido cometiendo y padeciendo como individuos y como humanidad y que ahora brotan a la luz, con dureza, confrontándonos y exigiéndonos reflexionar.

Muchos hechos demuestran que estamos al final de una era y es evidente que necesitamos cambios trascedentes que nos conduzcan a mantener la vida en el planeta, la estabilidad social y económica, de interés ver la temática de cómo se hace y qué es una evaluación ambiental. Quizá parezca que es poco lo que cada uno podemos hacer ante un panorama tan desolador, tan globalizado y de tales consecuencias, pero es sorprendente lo que se puede hacer en lo individual y en las sinergias que pueden darse cuando cada quien decide hacer mejor las cosas; por ejemplo si todos dejáramos de comer un poco de carne y consumiéramos más vegetales, se podría desincentivar la explotación ganadera que hoy día utiliza el 30% de la superficie del planeta y el 70% de las tierras cultivables para producir forrajes y que ha sido una de las principales causas de la profunda degradación ambiental actual.

  • Si consumiéramos productos locales sobre los importados y “de marca” podríamos fortalecer nuestro mercado local, blindándolo de las variaciones y crisis internacionales y de paso ahorrar cantidades industriales de combustibles usado para transportar mercancías. (Ve artículo de El País sobre el capital humano)
  • Si produjéramos composta o abono con nuestra basura orgánica que representa aproximadamente el 48% de nuestros desechos.

Y es que, todos contribuimos al desastre y seguimos haciéndolo día tras día; bien podemos poner un alto en el camino y tratar de emprender una nueva era hoy y decidirnos a dejar de emitir CO2 a la atmósfera en exceso, haciendo una transición muy rápida a otros tipos de energía renovables como la solar y la eólica, a eliminar incendios forestales, reforestando cada espacio que podamos. Y qué tal si las empresas transnacionales y multimillonarias verdaderamente destinan recursos, incluso a costa de sus ganancias, para mejorar sus procesos haciéndolos más amigables con el ambiente y con las condiciones sociales y laborales de sus empleados, y así en la infraestructura, la industria, la agricultura, el gobierno y cada espacio de la vida.

¿Por que no? Intentamos usar más la bicicleta y caminar en lugar de transportarnos en automóvil e ir a ejercitarnos en gimnasios ¿Por qué no? Hacemos más ecoturismo y turismo rural en lugar de irnos a hoteles “All inclusive” ¿Por qué no? Destinamos algo de trabajo voluntario o un poco de nuestro talento a causas sociales y ambientales, sin esperar dinero a cambio ¿Por qué no? Hacemos que el conocimiento y la tecnología contribuyan a disminuir los impactos que hacemos en el planeta.

¿Por qué no? Somos más sensibles a la realidad de nuestro planeta y nuestra sociedad y emprendemos una nueva era en la que no solo se busque acumular riquezas y poder como lo hemos hecho hasta ahora, que dicho sea de paso, solo unos cuantos lo tienen. Una nueva era que no se caracterice por el ego, la competencia y la falta de sensibilidad ¿Acaso asegurar la calidad de vida en el planeta no vale la pena?

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